Cierre del XIV Simposio CELAM / UNIAPAC

Al finalizar el XIV Simposio realizado en Villa de Leyva (Colombia), CELAM y UNIAPAC concluyen con una “Declaración de Villa de Leyva” en donde Obispos, Sacerdotes, Empresarios y dirigentes de empresa reflexionaron sobre la misión en el mundo y la realidad social en la época en que vivimos y se comprometen a las líneas de acción que encontrará en el siguiente documento.

DECLARACIÓN DE VILLA DE LEYVA
XIV SIMPOSIO CELAM / UNIAPAC
“OBISPOS Y EMPRESARIOS EN SALIDA POR EL REINO DE DIOS”

Reunidos en Villa de Leyva, Colombia, los días 26, 27 y 28 de abril de 2018, Obispos, Sacerdotes, Empresarios y dirigentes de empresa, participamos en el XIV Simposio CELAM UNIAPAC denominado “Obispos y Empresarios en salida por el Reino de Dios”, en el que la Asociación de Empresarios Católicos de Colombia – AEC, tuvo la gracia de ser anfitriona.

Alrededor de un centenar de asistentes de ocho países de América Latina, invocando la asistencia del Espíritu Santo, en actitud de diálogo, discernimiento y oración, a través de conferencias magistrales que fueron enriquecidas con los testimonios de los panelistas y con las conclusiones de las mesas de trabajo, reflexionamos sobre nuestra misión en el mundo y la realidad social en la que vivimos y buscamos proponer líneas de acción para asumir, de manera conjunta, el llamado y el compromiso de estar en permanente actitud de salida para hacer presente el Reino de Dios en la sociedad.

En cuanto a la misión, al inicio de las jornadas, resonó con potencia el mensaje del video de Su Santidad el Papa Francisco, que providencialmente coincidió con el tema de nuestro Simposio. En efecto, el Papa recordó que la economía no puede pretender fomentar solo la rentabilidad, reduciendo el mercado laboral y generando así nuevos excluidos. El Papa hace un llamado a los responsables de la economía a buscar antes que la propia rentabilidad, la defensa y promoción de la dignidad de la persona humana y asegurarse de hacer todo lo posible para que haya nuevas fuentes de trabajo digno.

Reflexionando sobre la realidad social del contexto constatamos que América Latina es una región bendecida por Dios en todos los aspectos; posee una gran riqueza cultural, de biodiversidad y tiene una profunda y arraigada tradición cristiana. Al mismo tiempo, paradójicamente, existe una profunda desigualdad y una arraigada cultura de violencia en todas sus formas, lo que se ve agravado por el desplazamiento forzado que fortalece el populismo y la corrupción.

Como fruto del discernimiento realizado durante el Simposio, evidenciamos que en la realidad latinoamericana existen brotes cada vez más claros de la presencia del Reino de Dios entre nosotros del “Ya … pero todavía no plenamente”:

– Sensibilidad profunda frente a la realidad de exclusión de tantas personas a nuestro alrededor.

– Interés genuino de obispos y empresarios por encontrar caminos de trabajo conjunto en especial en favor de los más débiles.
– Enseñanzas del Magisterio de la Iglesia cada vez más profundas que en América Latina se potencian por el estilo humilde y sencillo de Su Santidad el Papa Francisco.
– Sed de renovación espiritual y búsqueda de un mundo mejor que se concreta, entre otros aspectos, en la realización de los Simposios de UNIAPAC LA.
– Jerarquía eclesiástica consciente de su doble condición de pastor y oveja.

Conciencia del gran don que significa la creación, de donde surge la necesidad imperiosa de cuidar la Casa Común.
– Deseo sincero de cambiar los paradigmas económicos que han contribuido a la exclusión.
– Apertura para aceptar, poco a poco, la responsabilidad común ante una cultura materialista y profundamente consumista.
– Necesidad de conversión espiritual e intelectual.

Al mismo tiempo, reconocimos signos que evidencian la ausencia del Reino de Dios en nuestra región:

– Escandalosa inequidad.
– Búsqueda del interés particular en detrimento del bien común.
– Esquizofrenia espiritual, consistente en la incoherencia entre la vida de fe y el actuar cotidiano, evitando una vida dividida.
– Indiferencia ante las necesidades del otro.
– Producción y oferta de bienes y servicios que no satisfacen necesidades reales.
– Destrucción de la Casa Común.

A partir del diálogo sincero que se generó en el Simposio, identificamos paradigmas que debemos cambiar de manera radical:

– El hombre occidental es capaz de lograr todo lo que se propone sin la ayuda de Dios.
– La Evangelización entendida como la simple transmisión de información, dejando de lado el testimonio de la experiencia de Dios vivida personal y comunitariamente.
– La reducción de la noción de Iglesia a la jerarquía eclesiástica.
– La creencia de que la transformación de la sociedad es algo accesorio y no sustantivo al Evangelio.
– El crecimiento como la razón de ser de la empresa.
– La obtención del retorno máximo como el fin último de la actividad empresarial.
– La innovación para la creación de bienes vendibles, pero innecesarios o inútiles, que ignoran las verdaderas necesidades.
– Entendimiento de eficiencia y eficacia que solo apunta al rendimiento económico sin tener en cuenta implicaciones éticas, humanas, sociales y ecológicas.
– La calidad de vida entendida como el gozo y el consumo máximo.
– La actitud de complicidad interesada y falta de posición crítica frente al Estado y el poder.

Igualmente, identificamos como elementos determinantes para contribuir a hacer presente el Reino de Dios en el mundo:

– La salida de la Iglesia al modo de Jesús, como consecuencia de la comprensión del Evangelio.
– Leer los signos de los tiempos a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia. Esto implica ver, juzgar, actuar y celebrar.
– El compromiso para garantizar la verdadera calidad de vida de toda la sociedad, con opción preferencial por los pobres.
– El encuentro entre Obispos y Empresarios que permite el conocimiento mutuo, la empatía y el diálogo sincero.
– La necesidad de un lenguaje común, del discernimiento conjunto y de la oración comunitaria.

– La actitud humilde, de servicio y de construcción mutua.
– La proclamación del Evangelio por medio del testimonio que se concreta en acciones reales que transforman radicalmente a la persona y por ende a la sociedad.

Como una forma de dar respuesta a las inquietudes que surgieron en torno a las realidades evidenciadas, nos comprometemos a llevar a cabo las siguientes líneas de acción:

– Disponerse a una profunda conversión espiritual e intelectual.
– Asumir con decisión los retos y desafíos de la realidad social de nuestro contexto continental.
– Emprender la tarea de cambiar paradigmas tal y como lo demanda el Evangelio.
– Diseñar e implementar estrategias eficaces de formación sobre la Doctrina Social de la Iglesia, que partan de una verdadera iniciación a la vida cristiana.
– Profundizar en el concepto de retorno justo e ir encontrando en la realidad concreta de las distintas empresas la forma en que éste debiera establecerse.
– Encontrar la forma de aplicar el concepto de salario justo como lo concibe la Doctrina Social de la Iglesia, en la realidad concreta de cada empresa.
– Promover más intensamente espacios de diálogo a nivel regional y local.
– Trabajar conjuntamente en la formulación de propuestas orientadas al respeto de la dignidad de la persona humana y a la consecución del bien común.
– Adelantar un trabajo conjunto para identificar las verdaderas necesidades de las comunidades menos favorecidas y ver a partir de ellas la posibilidad de desarrollar proyectos concretos.
– Potenciar el banco de experiencias sobre la forma de llevar el Evangelio a la realidad empresarial y social.

Al concluir este Simposio, le damos gracias a Dios por habernos congregado en Su presencia. Somos conscientes de que la Iglesia en salida nos exige imitar a Jesús, quien pasó haciendo el bien, anunciando el Reino de Dios, enseñando y sanando. Le pedimos que nos ayude, a partir del encuentro personal con Él, a hallar la motivación necesaria para lograr los profundos y urgentes cambios requeridos. Al igual confiamos a la intercesión de la Santísima Virgen, en la advocación local de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, los deseos y compromisos a que hemos llegado al final de este Simposio.


Además compartimos la carta de Luis Bameule que dio comienzo al Simposio