«Felices los que tienen hambre y sed de justicia; felices los que trabajan por la paz» (Mt 5,6.9).
En nuestro querido país nos encontramos en una etapa de análisis y debate sobre la administración de justicia, particularmente sobre la designación de jueces nacionales y otros importantes funcionarios judiciales. Queremos animar a los miembros de los tres poderes de nuestra República a que prontamente restauren la situación del Poder Judicial, que ha sufrido la descomposición institucional durante muchas décadas. En ese sentido, destacamos y apoyamos la iniciativa de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, como cabeza del Poder Judicial, que ha presentado una propuesta de reglamento de concursos para la selección de magistrados, con el espíritu de generar un proceso transparente. También resaltamos el impulso del Poder Ejecutivo Nacional en la presentación de propuestas de candidatos a ocupar la gran cantidad de juzgados vacantes.
Desde ACDE destacamos, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, la importancia de que los candidatos a ser designados sean independientes, imparciales, prudentes e íntegros. De los jueces dependen decisiones que influyen en los derechos y en los bienes de las personas; su independencia los tiene que mantener alejados del favoritismo y de las presiones que contaminan las decisiones que ellos tienen que tomar. El valor irrenunciable de la justicia garantiza el correcto funcionamiento de la vida pública, y si eso no ocurre, la injusticia impacta con fuerza en los más pobres, ya que alimenta la desigualdad.
Por ello, rezamos confiados para que los jueces sigan el ejemplo de Jesús, que no negocia nunca la verdad, y para que todos aquellos que administran la justicia obren con integridad y amor a nuestro país.